Verano de 1993​ – El gesto inocente en un cuerpo que duda

Escrito por Sofía Lena Monardo

Primer plano de la película, Frida (Laia Artiagas), seis años, de espaldas mirando los festejos y colores del nuevo año: 1993. El plano se mantiene, un niño se acerca y pregunta: – ¿Y tú por qué no estás llorando? ella no responde, el niño se va. Si Frida siempre llora ¿por qué ahora no?

Frida duda, su cuerpo duda, entonces aguanta. Ese es el llanto que va a aguantar hasta el final del film, va a sostener su enojo, su angustia, va a transpirar el calor de Cataluña; pero eventualmente estalla… como los fuegos artificiales de ese nuevo año del 93.

Frida pierde a sus padres al morir ambos de VIH, mientras tanto su cuerpo desconoce si padece el virus o no. Se muda con sus tíos a un pueblito en el interior de Cataluña. Ahí comienza el intenso verano que Carla Simon decide construir basándose en su propia historia personal.

La niña necesita sustituir la muerte de su madre con urgencia. Necesita nombrarla, hacerla presente para entender que ya no está. Su relación ingenua con la virgen la lleva a un lugar de cierta tranquilidad pero no le es suficiente. Con sus rulos y su pancita englobada de nena, Frida trata de acomodarse a su nueva familia. Su relación con Anna, su prima mas pequeña o su nueva hermana, la deja jugar con su estatus ¿Quién manda acá? ¿Quién es la más grande? No quiero que juegues con mis muñecas. Momentos inocentes que Frida encuentra para dominar una situación que resulta indomable.

Frida va ajugar a ser la madre, una madre que dice que está cansada porque le duele el cuerpo. Eso es lo que la niña carga, una adultez que le es demasiado pesada para sus seis años, pero que bien sabe cargar, que sufre y que juega a sufrir, como los últimos años de agonía de su mamá. Cada plano construye sutilmente sus miedos y sus hallazgos. La posición de la cámara es siempre con la niña, a su altura, de su lado, no se la juzga, se la acompaña de la manera más íntima y natural posible. Su susurro se oye, ella habla bajito y para eso es necesario estar cerca mirándola a los ojos, escuchando lo que necesita, observado sus gestos.

Verano de 1993 (Estiu 1993) es una película de gestos. Gestos suaves cargados de intención y valores, de amor. Todos quieren ayudar a Frida. Ella una niña inocente que no sabe muy bien lo que le pasó pero está lista para averiguarlo. Sus gestos, su sonrisa, su mirada, sus manos, sus pies, todos sus movimientos, son símbolos de genuinidad, de sentimiento verdadero. Nada resulta más puro en esa película que esta niña, y eso es un gesto autoral.

El clima se describe cómodo, cálido y natural. El espacio se construye sencillo, casi documental, de tiempos contemplativos donde podemos oler las frutas de la huerta por la mañana. Es perfectamente ahí donde convive el malestar de Frida. En donde todo parece estar bien, reside la angustia más grande.

Para los nuevos padres es otro viaje: la ausencia del padre es la demostración del duelo que está haciendo con la muerte de su hermana. En cambio Marga (Bruna Cusi), la nueva madre, debe aprender a querer a otra niña que no es su hija, castigando sus errores y evitando consentirla por la situación que está pasando.

“Cuando pierdes a alguien, sientes que te han abandonado. Es normal que pienses que has hecho algo mal”. Expresa Carla Simon en una entrevista. Frida tiene miedo de estar haciendo algo mal, tiene miedo de quedarse sola, de lastimar. Allí la reacción exagerada de una mujer cuando Frida se golpea jugando con su hija: no toques su sangre! Que te dije! La niña no comprende. Nadie comprende. Frida se cansa de los análisis de sangre. No sabe si su cuerpo le falla o no, duda.

Ésta es una película que pone a la muerte en los ojos de los niños y a los adultos a prueba frente al tema. Toca temáticas como las del VIH desmantelando sus prejuicios. Navega en las profundidades más oscuras y brillantes de la mente de los niños, nos propone como espectadores volver a sentir desmesuradamente como un chico, quitarle el razonamiento a todo y simplemente dejarse llevar. Recién sobre el final, el último plano, Frida logra llorar.

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