Mujeres de muchos hombres

Mujeres de muchos hombres
Mujeres de muchos hombres

Ricardo Coler viajó a Ladakn, un lugar en el Himalaya donde la poliandria es oficial. Quiso averiguar que pasa cuando las mujeres eligen tener varias relaciones simultáneas, o mejor dicho una relación oficial con varios hombres al mismo tiempo. ¿Qué es mejor, tres amantes protectores o un esposo cariñoso?

“Será que ellas nos pueden contar algo de un presente no reconocido, de un futuro que nos sobrevuela” afirma Coler. ¿Será que la poliandria es lo más avanzado a lo que los accidentales podemos aspirar?

En Ladakn viven así, con una legislación feminista, pero bajo normas de una sociedad machista. En su principio el quería convencerse si, ser la mujer de varios hombres era tan deseable como ser la mujer de uno solo. Al final llega a la conclusión, de que no solo es así, sino que es mejor.

La poliandria es una idea que se llevó a cabo, consiguió adeptos y se transformó en costumbre. Todo comenzó cuando los hombres debían irse a trabajar a otras regiones durante el invierno, y no les parecía buena idea dejar a su mujer sola tanto tiempo. Por eso, quien mejor que un hermano para cuidarla. Varios hermanos y una sola mujer, se casan, conviven, tienen relaciones sexuales, procrean, se cuidan y viven en armonía. Si uno se enferma, está el otro para cuidar a los hijos, si este otro no consigue trabajo, está otro para aportar económicamente, y así, la mujer siempre estará protegida, los hijos llamarán a todos “papá” y ninguno tendrá prioridad por sobre el otro, ella los querrá a todos por igual.

Lo interesante de todo esto, es también el rol de la mujer, y el pensamiento de ella frente a la situación en la que vive. Ella se demuestra inteligente, incluso más que el hombre. Una esposa que se siente superior a sus maridos y que los deja entretenerse con la cuestión de la fraternidad entre los hermanos. “Mientras cumplan con sus deberes que crean lo que quieran”.

Los hombres se casan por una cuestión de la fraternidad y  tradición. Les interesa más estar cerca de sus hermanos que tener una mujer para ellos solos. Ellas se casan siguiendo los consejos de los padres y también por decisión propia. Consideran que tener tres o cuatro hombres es más seguro que casarse con uno solo. Entonces, parece ser que las familias con varios hombres son más prosperas que sus vecinos monógamos.

Dentro de esas familias, los hombres las respetan, las quieren, las idealizan, se sienten atraídos por ellas, pero no las dejan hablar. Por eso aclaro al principio, la legislación es feminista, pero las normas son machistas.

Me pregunto cómo implementaríamos la poliandria en nuestra sociedad.  ¿Acaso podríamos desprendernos de las miradas ajenas, de los novios celosos, de los padres culposos, de las madres angustiadas, de la moda? ¿Elegiríamos tener varios hombres bajo un mismo techo, o seguiríamos optando por uno solo?

Las mujeres poliandricas de Ladakn no tienen ningún tipo de vínculo romántico con ninguno de sus cuatro maridos. Ellas nos prueban fehacientemente de que se puede vivir sin estar enamorada. No se despiertan angustiadas, ni se acuestan llorando. Tienen una familia, hijos, los crían, viven en armonía y rodeadas de afecto. Ellas nos dejan en claro que el amor entre los sexos es una invención humana, que poco tiene que ver con el instinto o la biología.

Ellas nos afirman que el matrimonio podría funcionar perfectamente como una asociación estable si ninguno de los dos pretendiera de su pareja un amor erótico permanente. De hecho no habría tantos divorcios si tal fuera el caso, ya que la gente se divorcia por que al menos uno de los dos no se siente amado, o alguno de los dos quiere amar a otra persona. Por aquí escuche que el matrimonio pierde vigencia cuando uno de los dos deja de amar.  ¿Pero qué pasaría si proponemos otro tipo de sociedad?.

Las mujeres poliandricas pueden estar con muchos hombres y no enamorarse de ninguno. Como dice Coler en “Mujeres de muchos hombres”: “En occidente pretendemos con una sola persona amor, pareja, erotismo, familia, economía, amistad, fidelidad, compresión, y en lo posible continuidad indefinida.”

Solo me pregunto, si al fin y al cabo, ¿No seremos los occidentales muy pretenciosos? ¿Acaso podríamos elegir a un compañero de vida sin amarlo eternamente? O más arriesgado aún, ¿Podríamos elegir a más de uno con quienes compartir otras cosas que no sea el amor?.

*Gracias a Jorge Fernández Díaz por el libro.

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