Ella es una escritora, no una mujer escritora

Soy una egocéntrica. Hace meses me teñí un mechón de pelo blanco y me dijeron Susan Sontag. Y soy egocéntrica porque me gustó, porque se que me queda grande, y porque no empiezo hablando de ella, sino hablando de mi. Porque es una mujer que admiro, es un cumplido hermoso.

La verdad es que un documental como Recordando a Susan Sontag no dice mucho más que lo que sabemos de ella. Su intelectualidad, su provocación, su sexualidad, sus muertes.

¿Había algo más en su vida? Mucho se resume en una mujer que dice, “una vez vino el marido de mi madre y me dice: si sigues leyendo tanto nunca te vas a casar. y yo pensé:  jamás me casaría con alguien que no le guste que yo lea”.

Una mujer que ponía las cosas sobre la mesa, que habló de homosexualidad abiertamente, que utilizaba el sarcasmo con los periodistas más imprudentes de la televisión norteamericana. Una eterna virgen fotográfica, que luego veía sus fotografías y decía: “el problema no es que la gente recuerde a través de las fotografías, sino que solo recuerde las fotos”.

Dividió su vida entre dos ciudades, iba y venía de New York a París, se enamoraba de mujeres que trabajaban, que eran como ella. Tenía un éxtasis de cultura diaria. “¿Qué si me molesta no ser un genio? ¿Si me pone triste? ¿Estaría dispuesta a pagar el precio que conlleva? creo que el precio es la soledad”. Y eso había detrás de ella, más sabiduría que un genio oculto.

Reflejaba un duelo constante, una manera provocativa de querer expresar sus pensamientos. A pesar de eso, lo que se veía era sofisticación, precaución y elegancia. Su silencio ha ayudado a perpetuar el misterio y el secretismo acerca de sus relaciones.

Con un hambre de verdad absoluta, la vomita en muchos de sus libros. Susan Sontag no podía ser común, no lo aceptaba, ella refleja lo que Albert Camus alguna vez dijo, “el día en que solo sea un escritor, dejare de escribir”. Ella no podía morir, tuvo tres tipos de cáncer a lo largo de su vida, y siempre pensaba que iba a sobrevivir sin ningún problema, como si tal cosa no existiese en su cuerpo. Tenía mucho por escribir, por decir, que pensar; tenía listas de lugares a donde quería ir. Su hijo las encontró tiempo después.

Todavía me quedan muchas cosas por entender de esta mujer. Aunque solo fuese un instrumento que intenta ser lo más real posible.

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