El bendito pelo

En esta columna no voy a hablar cuando la mujer se hace un simple corte de pelo y el hombre no se percata. Esa desatención no tiene cura.

Lo que voy a tratar es la relación que la mujer tiene con el pelo en general, las peleas con la depilación y los enojos frente a miradas juzgadoras, tanto de hombres, como de otras mujeres.

Empieza en la adolescencia y sin darnos cuenta, tenemos pelo en la cara, piernas, brazos, axilas y el más odiado por muchos, el vello púbico. En realidad nadie te explica que ese vello sale y que en algún momento hay que quitarlo. Un día se me ocurre buscar entre las cosas del baño, hasta que encuentro una afeitadora, y listo. Me deshago de todo lo que está a la vista. Todavía no entiendo hacia que dirección debe ir la cuchilla, me corto sin querer, hasta que salgo limpia, sin pelo en las piernas o en las axilas.

El pelo es una de las tantas preocupaciones que tenemos las mujeres. Invertimos muchísimo dinero y tiempo en él. Según muchas personas el pelo existe en varios lugares equivocados: cejas, labio superior, barbilla, axilas, piernas, pezones, pelvis y todo su alrededor. Algunas osadas se animan a decir que también se depilan los brazos.

Contra todo ese pelo que acabo de nombrar surgen una serie de programaciones mentales y cálculos matemáticos increíbles.

Ejemplo: existe una supuesta cita con un hombre. A ese mismo hombre le pueden avisar durante esa misma tarde que a la noche tendría su cita, y no habría ningún tipo de inconveniente. El hombre puede darse una ducha, elegir algo para ponerse y salir espectacular.

Según algunas mujeres con las que hablé, “la mujer necesita por lo menos una semana de tiempo para calcular el crecimiento del pelo en ciertas partes del cuerpo, y así poder hacer una depilación perfecta”. ¿Qué pasaría si tengo una cita esta noche? Me miro al espejo, y pienso, “debo tener un pelo de tres días sobre mi pubis, es decir: si esta noche planeo desnudarme no habría ningún problema, aparte pienso emborracharme y hacerlo en un cuarto bien oscuro”.

A los 3 minutos vuelvo a mirarme y pienso: “y si me quedo a dormir? A la mañana ya se notaría este pelo, que para ese momento ya sería un pelo de 4 días. Tengo que hacer algo. También me tendría que depilar las piernas, pero lo tendría que haber hecho ayer, si lo hago ahora tendría lo folículos abiertos, entonces la crema crea un efecto horrible en mi piel y mis piernas terminarían pareciendo piernas con varicela”. “Para depilarme el labio superior y cejas ya es tarde, haga lo que haga me va a quedar colorado y quizás un poco hinchado, y no me voy a arriesgar a que me vean así por la calle”. “Para las axilas podría pasarme la afeitadora, aunque eso solo lo hago en vacaciones y me parece que nunca termina de quedar como a mi me gusta”.

Todo este preparativo también cuesta dinero, no me extraña que las mujeres tengamos cada vez más sexo, hay que hacer redituable esa inversión y tiempo que gastamos para que alguien nos mire y no le demos asco.

Todo lo que acabo de explicar no tiene ningún sentido si no nos centramos en el vello púbico. Ese pequeño triángulo entre las piernas con el que lidiamos cotidianamente. Empezó a ponerse de moda con la pornografía, las tomas debían salir claras y perfectas; actualmente todas las vedettes, modelos y actrices nos dejan bien en claro que no tienen un pelo que sobresalga, que el pelo no existe, que esa zona debe quedar lisa y perfecta, como si nunca hubiese crecido nada.

Hubiese estado bueno tener algún tipo de debate sobre este tema. La verdad es que es doloroso, cuesta mucho dinero y no es para nada fácil de mantener. Todo este trabajo no es para parecer una modelo, ni ser demasiado sexy, ni llamar demasiado la atención.

Todo este trabajo es para parecer una “mujer normal”. Tener una cara limpia y una entrepierna presentable.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here