Relatos desde el encierro

Un documental de la realizadora mexicana Guadalupe Miranda sobre la vida de las reclusas de un penal del Estado mexicano de Jalisco en el año 2004.

‘Relatos desde el encierro’ cuenta la vida dentro del penal de Puente Grande, donde las presas dan testimonio de sus vidas y hablan de la experiencia emocional del encierro carcelario. Desde su intimidad reflexionan sobre la condición humana, la supervivencia y el concepto de libertad.

Pasan los años y hablan sobre los cambios, su presente y un futuro incierto, sin esperanzas.

La cárcel alberga a las detenidas quienes parecen organizar la vida rutinaria y cotidiana a su manera.

Ella es una escritora, no una mujer escritora.

Soy una egocéntrica. Hace meses me teñí un mechón de pelo blanco y me dijeron Susan Sontag. Y soy egocéntrica porque me gustó, porque se que me queda grande, y porque no empiezo hablando de ella, sino hablando de mi. Porque es una mujer que admiro, es un cumplido hermoso.

La verdad es que un documental como Recordando a Susan Sontag no dice mucho más que lo que sabemos de ella. Su intelectualidad, su provocación, su sexualidad, sus muertes.

¿Había algo más en su vida? Mucho se resume en una mujer que dice, “una vez vino el marido de mi madre y me dice: si sigues leyendo tanto nunca te vas a casar. y yo pensé:  jamás me casaría con alguien que no le guste que yo lea”.

Una mujer que ponía las cosas sobre la mesa, que habló de homosexualidad abiertamente, que utilizaba el sarcasmo con los periodistas más imprudentes de la televisión norteamericana. Una eterna virgen fotográfica, que luego veía sus fotografías y decía: “el problema no es que la gente recuerde a través de las fotografías, sino que solo recuerde las fotos”.

Dividió su vida entre dos ciudades, iba y venía de New York a París, se enamoraba de mujeres que trabajaban, que eran como ella. Tenía un éxtasis de cultura diaria. “¿Qué si me molesta no ser un genio? ¿Si me pone triste? ¿Estaría dispuesta a pagar el precio que conlleva? creo que el precio es la soledad”. Y eso había detrás de ella, más sabiduría que un genio oculto.

Reflejaba un duelo constante, una manera provocativa de querer expresar sus pensamientos. A pesar de eso, lo que se veía era sofisticación, precaución y elegancia. Su silencio ha ayudado a perpetuar el misterio y el secretismo acerca de sus relaciones.

Con un hambre de verdad absoluta, la vomita en muchos de sus libros. Susan Sontag no podía ser común, no lo aceptaba, ella refleja lo que Albert Camus alguna vez dijo, “el día en que solo sea un escritor, dejare de escribir”. Ella no podía morir, tuvo tres tipos de cáncer a lo largo de su vida, y siempre pensaba que iba a sobrevivir sin ningún problema, como si tal cosa no existiese en su cuerpo. Tenía mucho por escribir, por decir, que pensar; tenía listas de lugares a donde quería ir. Su hijo las encontró tiempo después.

Todavía me quedan muchas cosas por entender de esta mujer. Aunque solo fuese un instrumento que intenta ser lo más real posible.

Heddy Honigmann, no tiene miedo a saber

Cuando Heddy Honigmann grabó el documental titulado El olvido, seguramente tuvo la intención de que en nuestras mentes queden registradas ciertas imágenes de la cotidianidad vivida en una parte de Lima.

Una madre le compra un batido a su hija con una rana dentro, la rana está triturada y su mito popular es que ayuda a la memoria. Unas niñas juegan en la calle a cambio de dinero, hacen sus acrobacias después de saber que una de sus hermanas murió hace un mes atropellada por un automóvil haciendo lo mismo. En el fondo se ve a un camarero, que al llegar a su casa le prepara a su pareja el mismo plato de comida que prepara en el restaurante lujoso para el que trabaja. Eso es Lima.

Heddy Honigman parece que siempre está sola, que solo está ella haciendo las entrevistas, la cámara y el sonido, seguramente no sea así, pero la confianza que genera con cualquier entrevistador es fuera de lo común.

Nació en Perú en 1951, hija de inmigrantes judíos originarios de Austria y Polonia. Ante la ausencia de escuelas de cine en Lima se mudó a Roma para estudiar en el Centro Sperimentale di Cinematografía. Desde 1978 Heddy es ciudadana holandesa y actualmente vive en Ámsterdam aunque su carrera cinematográfica la ha llevado alrededor del mundo. Retrospectivas de su obra han tenido lugar en París, Berlín, Minneapolis, San Francisco, Barcelona, Madrid, el MoMA, el Pacific Film Archive, Toronto, Lima, México, Leipzig, Montreal, Lisboa, Taipei, Beijing y otros.

A pesar de la realidad social y política que reflejan sus películas, Heddy Honigmann no se involucra ni profundiza en esos aspectos, ella misma sostiene que no hace películas sobre temas, sino sobre personas. En la orquesta de metro son músicos en el exilio, en Metal y Melancolía son personas manejando sus taxis.

Logra que por un instante, todas las debilidades, las miserias y las fragilidades florezcan, y mientras lo ves escuchas su respiración y su respeto detrás de la cámara, una curiosidad honesta e inquietante. Claro que sabe como, porque ella sabe lo que es perderse, lo que es a través del desarraigo y el exilio verse completamente sin nada al rededor.

En una entrevista ella mira a cámara y dice: “Hay gente que tiene miedo a saber”, y tiene razón, sin embargo ella se atreve a preguntarle a un niño que vive en la calle sobre la procedencia de sus sueños, y cuando no tiene respuesta ella se queda ahí, esperando, a ver si por lo menos, queda algún margen de inocencia dentro de toda la escena que la rodea.

Los documentales de Heddy no son enormes producciones. Ella puede explicar lo que quiere en tres palabras. ¿Por qué Metal y Melancolía? le pregunta Heddy a un taxista mientras conduce por las calles de Lima, “porque el dolor y la pobreza nos han puesto duros, como los metales, y melancolía porque también somos tiernos y añoramos tiempos que también se quedaron en el olvido”.

Un policía los detiene para pedirle su permiso, ella le explica que están grabando una película para la tv holandesa, el sonríe y le dice que el también es taxista, que también lo pueden grabar. Una taxista explica porque no le tiene miedo a la muerte, otra rompe en llanto cuando confiesa que el padre de su hijo tiene problemas con el alcohol y que tiene que salir corriendo de su casa cuando el bebe.

Tuve la suerte de conseguir sus películas a través de una revista Europea y su distribuidora personal. Hablé con ella por twitter muy poco. Demuestra ser una cineasta con una simplicidad admirable. Su narrativa no tiene una jerarquía, su discurso demuestra que ningún tema es mejor que otro, que todas las personas en el mundo tienen algo para contar. Un miedo, un sueño, un amor.

Heddy Honigmann es peruana, aunque a veces se olvida de algunas palabras en castellano y pregunta, ¿Esto se dice así? pero el lenguaje no tiene nada que ver con su estilo de vida, porque sabe muy bien como se vive en Perú. Su filmografía no es comparable con el cine holandés, aunque tampoco con el cine peruano, quizás ella remite a su escuela romana.

Se trata de una cineasta poco reconocida que realizó once documentales, dos cortometrajes y seis películas de ficción. Tuvo la oportunidad de ganar premios y participar de los festivales de cine más importantes.